Como el viento
A veces me dan ganas de ésto, lo escribí hace un tiempo:
Cogí la chaqueta y me fui. Enfadada. Enfadada con la vida, enfadada con el mundo, enfadada con el silencio, enfadada con mis pies, enfadada por toda la alegría, enfadada con los caprichos, enfadada con mis guantes desgastados, enfadada con el dinero, enfadada con el aire que respiro, con el aire que expulso, enfadada con el espejo, enfadada con el armario, enfadada. ¡Enfadada!
Me fui. ¿Me fui? ¿Dónde? Marché en busca de algún lugar desconocido, buscando algo inexplicable. Sin rumbo, sin reloj, sin bufanda, sin móvil, sin aliento, sin tristeza, sin lágrimas, sin libros, sin papeles, sin recuerdos. Me fui. Caminando a paso corto, pensando, desgraciada, tranquila, decidida, dudando… No sabía bien cómo me sentía, ni a quién acudiría. Estaba enfadada por todo y con nadie. Odiaba volver a ese lugar al que me siento atada, encadenada, en el que me mareo y en el que soy esclava. Tenía sueño pero aún así, sin dinero recorrí media ciudad. Buscaba a alguien que sintiéndose como yo, trabajador de un universo en cadena, bajo leyes absurdas e inamovibles, también hubiera dejado todo atrás para marchar a ningún lado, al bar de la esquina, al continente de al lado.
Bambas de las que duran y transpiran en los pies, con unos calcetines que conjuntaban con mi ropa interior. Unos pantalones con campana que no dejaban ver el calzado, ceñidos a la cintura puede que para, pasar menos frío. Unas camisetas, jerséis y suéteres, y una chaqueta grande, para disimular los pantalones ceñidos. Con guantes. Aún así tenía frío, pero intentaba ir lo más rápida posible a cualquier lugar dónde encontrar calor. Sin gorro ni bufanda, el viento pasaba por cada cabello, notaba como se separaban para dejar pasar el viento, el viento que llegaba a mis orejas y a mi nariz, poniéndolas rojas y frías.
Sí, como el viento me deslicé por toda la ciudad, acompañada por lo que quedaba de mi sombra y un perro que un acto de buena fe, le regalé una manzana que llevaba encima. Así descubrimos lugares indescriptibles de la ciudad asfaltada, mientras nuestros párpados caían poco a poco sobre los ojos y nuestros músculos se iban relajando, nuestra respiración se hacía más lenta y pausada. Pero seguía teniendo frío. Incluso notaba la velocidad de mis latidos, al descompas de mi respirar.
Mi sombra nos abandonó bajo las luces de emergencias de algunas discotecas y bajo la luz de la luna. El perro y yo, nos vimos sin ninguna razón cuando parecía que volvía a amanecer, delante de una portería. Pero no era una portería cualquiera, era la portería de la casa de la que yo era esclava. En otro acto de buena fe, entré. Subí las escaleras, entré en el piso, y sigilosamente como el viento, otra vez recorrí media casa con el perro detrás de mí hasta llegar a mi habitación. Allí me estiré en la cama y dormí, con la ropa puesta, la nariz y las orejas rojas y heladas; con el perro.

Eikiko Plum
|| Barcelona || I'm 15 || ♀ || || ☺ || ♪ ||
Extrovertida, pero tímida según con quien. Amable, pero a la vez egoísta. Perfeccionista y poco conformista. Modesta y a veces egocéntrica. Simpática y alegre. Divertida. Dicen que tengo imaginación(creo que mucha). Cariñosa. Alocada. Friki, y con orgullo. Y yo diría más adjetivos para una persona como yo.

Maricita dijo
Como de película!!! muy bueno ah!!! como que para tus 15 escribes muy literariamente, creo que ni yo puedo escribir así, un besooo
23 Diciembre 2006 | 07:10 AM